Northern mysteries

Capítulo 1: Forasteros en Uthmere

Capítulo 1 Forasteros en Uthmere

El silencio de la noche fue rasgado por el aullido de una loba. Había encontrado un cachorro de elfo de no más de tres años, con un mechón plateado en su frente. Se encontraba en el medio del bosque. La manada llegó en respuesta de su líder: una loba dominante de pelaje blanco como la nieve. Se llevaron al niño a sus cuevas, y por dos meses, lo cuidaron. Pero sabían que no era una de ellos. Así lo devolvieron a su verdadero hogar al poco tiempo.

Había estado meditando con la vez que me criaron los lobos. Eso había pasado hace mucho. Vivía entonces en la ciudad de Yeshelmar, ubicada en el bosque de Lethyr, en el gran valle. La población está conformada por elfos. Es una ciudad hermosa, está oculta entre los arboles: solo un elfo de Lehyr podría encontrar el camino de ida… y de vuelta. La ciudad es una perfecta combinación de la naturaleza y la arquitectura élfica, de la utilidad para vivir, y del carácter salvaje de los árboles, que daban la impresión de haber crecido con el propósito de servir de hogar. Estaban conectados entre sí, las ramas a veces eran tan gruesas que servían de calles en las alturas. En la base de muchos de los arboles habían unas plataformas, que también eran parte del árbol, que subían y bajaban a la orden de los druidas. La ciudad era gobernada por el círculo interno de Leth, compuesto por nueve miembros de la sociedad secreta de élite de los elfos druidas, y un líder elegido entre ellos: el Nentyarca, archidruida y regente del gran valle. Pero eso es sólo un título formal: el gobierno solo se limita a Yeshelmar. A este consejo pertenece mi padre Minwë, y junto con otros consejeros que aún son minoría alegan que el poder del círculo debería extenderse a todo el valle. Mi nombre es Maeglin, y soy un elfo druida nacido y criado allí. Soy de contextura esbelta, ojos verdes y pelo plateado, suelto.

En esa mañana me había invocado Ygdrall, otro consejero y amigo de mi padre, a su casa. Fui y al llegar, había otro elfo: me di cuenta que era un ranger. Tras saludar a Ygdralll, me dijo que el nombre del arquero era Fenrris. Me contó su historia: su familia y su tribu había sido mandada a colonizar los exteriores del bosque, en el gran valle, hace unos veinte años. Pero habían sido atacados por un grupo de mercenarios humanos. Habian tomado a Fenrris como esclavo y aprendiz. Y después de un tiempo él los había matado a todos, y, buscando rastro de su pasado, llego a Lethyr, donde fue ayudado por los elfos. Tenía un aspecto muy salvaje y desconfiado. Además sus ropas eran de mercenario, su cabello enmarañado y su rostro algo sucio.

Nuestra misión consistía en buscar un grupo de elfos rangers que se habían perdido probablemente en Danswood,y que seguramente en el pueblo de Uthmere sabrían algo. Me necesitaban para ser los ojos y oídos del bosque en las afueras, y necesitaban a Fenrris, que ya había estado la mayor parte de su vida fuera de Lethyr. Partimos a mi casa, a hablar con mi padre, Minwë. Era muy parecido a mí, tenía cabellos plateados, pero era más alto, sus hombros eran más anchos, y sus ojos denotaban sabiduría. Llegamos a casa y lo esperamos. Cuando finalmente apareció, nos dijo que era una misión muy peligrosa, que el consejo aún no sabía del todo, y que lamentaba tener que enviarme a mí, pera era el único en el que confiaba. Fenrris le pidió información sobre su familia, y mi padre le prometió que a la vuelta tendría la información que necesitara.

Partimos a la mañana siguiente. Fui todo el tiempo transformado en lobo blanco grisáceo. Transformarse se siente como estirarse al momento de despertar, pero sin que llegue a doler. Ser lobo me encanta, me permite entender mejor a la naturaleza y ser más poderoso, ágil y fuerte. Uthmere quedaba a un par de jornadas de viaje. Al llegar estaba lloviendo. Era un pueblito muy humilde, más bien un caserío. Tardamos un momento en averiguar cuál casa nos podría servir de posado o algo por el estilo. Pero llegamos a una que servía de salón central, allí se nos dijo por un hombre llamado Harem que podíamos sentarnos al final, en una mesa donde habían otras dos personas, cerca de una fogata. Eran dos hombres. Nos presentamos. Uno era Sir Argen Devlin, paladín del dios Amaunator, el dios sol. Tenía un rostro amable y justo. Usaba una armadura muy pomposa y brillante, incluso después del viaje que habían emprendido de un monasterio. El otro era un joven juez errante a prueba del mismo monasterio: Balthier, guerrero avenger. Tenía un aire muy sombrío, depresivo incluso, yo diría.

Harem empezó alegando y despotricando en contra del gobierno del Nentyarca, intenté apaciguar los ánimos, pero Balthier saltó diciendo que los elfos nada teníamos que hacer afuera de nuestro bosque, a lo que Harem añadió que nos estábamos peleando el gobierno de un pueblo libre. Al final no hubo pelea, pero el ambiente quedó tenso. Harem nos informó que al día siguiente habría un juicio, y que si queríamos presenciarlo podíamos, pero que por favor no causáramos ningún problema en el pueblo, y que la comida y el alojamiento era gratis, al menos de momento, ya que las cosechas habían estado muy buenas.

Al día siguiente fui a ver los cultivos de la gente. Ciertamente crecían con fuerza. En Yeshelmar no teníamos de esos. Trigo, hortalizas, y otras plantaciones crecían con fuerza. Decidí conectarme con la naturaleza, con la tierra. Conectarme siempre es abrumador. Soy capaz de expandir mi mente y percibir la fuerza de la tierra, del agua y de las plantas. Sentí el agua a lo lejos, la vida de los árboles, y muy fuertemente la presencia bondadosa de los cultivos trabajados con esfuerzo y fe. Intenté hacer que creciera una semilla, pero no pude, al parecer el trabajo era fundamental en su crecimiento.

Volví a la posada. Era la hora del juicio. Llegó Fenrris. Parecía agitado. También estaban los humanos guerreros. El juicio tuvo lugar afuera del salón. Se acusaba a un sujeto llamado Vilkurr de robar un kilo de trigo. Harem preguntaba que debían hacer. La gente respondía que la muerte era la respuesta. Ante eso Balthier se alza sobre la multitud y exclama que eso no era un juicio justo, que eso no era los que Harem había dicho, que ni siquiera se le había dado posibilidad de defensa a Vilkur. Harem le preguntó al acusado como se declaraba: culpable fue su sorprendente respuesta. La gente seguía diciendo que debía morir. Harem encaró al juez errante diciendo que así se hacían las cosas en Uthmere: no se perdonaban a los ladrones, y las decisiones las tomaban entre todos. Luego se lo llevaron a un tocón, y Harem tomo un hacha con el propósito de degollarlo. En ese momento el paladín agarro a un chiquillo que estaba presenciando la escena. Desenvainó su espada, y al frente de todos dijo que nada impediría que matara al muchacho. Harem le dijo que el niño no merecía morir. Sir Argen le dijo que Vilkur tampoco merecía morir. Harem replicó que si no mataban al delincuente el bosque los iba a castigar, que las cosechas morirían y su pueblo sufriría. Que las cosechas de Vilkur ya habían sido maldecidas por el bosque de Dunswood, y que era evidencia suficiente para terminar la vida del acusado. Su afirmación me extrañó bastante, ya que al conectarme con la tierra en las cosechas solo encontré energía equilibrada, Así que me adelanté y les dije que me dejaran ir a revisar las cosechas de Vilkur y el bosque Dunswood, ya que como druida de Lethir puedo determinar si existe relación entre el delito cometido y la furia del bosque. Y que lo más probable era que la maldad intrínseca del bosque era lo que afectara al pueblo y no los delitos cometidos. Ante eso Balthier dijo que apoyaba mi moción y que debía hacerse de esa forma, que eso era lo justo. Harem nos dijo que discutiríamos en tema en su casa, con más tranquilidad. Fuimos a su casa. Era solo un poco más grande que la mayoría de las otras casas. Pasamos como a un comedor donde nos sentamos. Nos dijo que de acuerdo. Que nos dejaba hacer nuestra investigación, pero que teníamos solo dos días. El paladín entonces le amenazó diciéndole que si nos demorábamos más del tiempo establecido y si encontrábamos a Vilkur muerto, entonces tendría que matarlo a él y al pueblo entero por haber asesinado injustamente a un ser humano. Pero Harem no se dejó intimidar, respondiendo que si quería ser el responsable de la muerte de una aldea entera entonces que tendría que cargar ese peso en sus hombros, y que debíamos irnos inmediatamente, que no que quería que estuviésemos más tiempo en su casa. “Estos humanos están locos”, pensé.

Partimos. Propuse ir a las cosechas de Vilkur. Llegamos de inmediato. Era verdad que sus cultivos estaban enfermos o muertos. Era muy extraño. Me contacté de nuevo con la tierra. Sentí las raíces enfermas, la tierra podrida, y los cultivos tristes. Ondeé más profundo. Y me percaté de la existencia de una energía poderosísima y negativa que no me dejaba seguir. Presioné todo lo que puede pero no me dejaba: tenía una barrera fuera de mi límite. Entonces de la profundidad sentí que venía algo rápidamente, que se acercaba cada vez más y más.

Hasta que llegaron.

Y emergieron de la tierra con un ruido estrepitoso.

Eran unas plantas-monstruos. Dos de ellas tenían espinas y venas. Una tercera poseía unas lianas que servían de látigo y que le permitían agarrar a sus víctimas. Supe que venían desde las entrañas del Dunswood, y representaban todo lo que yo odiaba: la maldad y el desbalance de la naturaleza. No esperé a que dieran el primer golpe. Me transforme en lobo inmediatamente, al momento que mis compañeros desenvainaban sus armas. Usando todo mi poder druídico y físico, salté rápidamente hacia una de las espinosas, le mordí con todas mis fuerzas en su centro, luego cargue contra a la otra con espinas, utilizando mi poder druídico, le mordí exactamente en el mismo lugar. Eso bastó para que se desplomaran muertas en el piso. Y finalmente repetí una vez más mi ataque contra la última. No la maté, pero me di cuenta que la dejé mareada y herida. Todo esto en un santiamén. Su reacción no se hizo esperar. Casi tan rápida como yo, me atacó con su tentáculo, me rodeó con él y me alzó al tiempo que me apretaba con fuerza. Gemí de dolor en mi forma de lobo. Luego Fenrris, le disparo una flecha que le dio en su liana. Pero no bastó para que me soltara. Balhir atacó con su espadón, pero el enemigo lo evitó con un movimiento felino. Sir Argen cargó contra ella, pero su ataque fue demasiado lento: sin mayor dificultad la planta pútrida le esquivo. Luché por soltarme y moviéndome y retorciéndome puede salirme de su agarre. Le ataqué de inmediato con una embestida rápida y certera que la dejo más vulnerable. Entonces Fenrris le disparó una segunda flecha, y le dio en su centro .Luego intentó atacar a Balthier, pero justo en eso, un rayo celestial cayó sobre la criatura, al parecer enviada por sir Argen, haciéndola añicos. Con eso la planta murió. La tierra absorbió sus cadáveres. Volví a mi forma élfica, el paladín me pregunto si estaba herido, le dije que sí, así que me curó. Ciertamente había algo malvado en ese pueblo influenciado por el Dunswood. Pero todavía quedaba por comprobar si tenía alguna relación con los crímenes que cometía la gente. Debíamos adentrarnos al bosque maldito. Además tenía que seguir con mi misión y encontrar pistas sobre el grupo de rangers. Pero antes decidimos inspeccionar la casa de Vilkur. El interior era aún más humilde que el exterior. Busque alguna señal del mal que nos había atacado, y también alguna señal de los rangers. Y encontré una raíz de Leth. Común en mi hogar, crece en las profundidades del bosque y es utilizado como medicina o para hacer una infusión a la hora de la once. Al parecer la partida de elfos había pasado por este pueblo. En eso Fenrris se me acerca y me dice que había encontrado otra raíz de Leth en otra casa. No quise saber cómo la había conseguido. La evidencia era manifiesta. Ya no me cabían dudas: los elfos perdidos habían pasado por Uthmere. Si queríamos saber más del mal causado, debíamos ir a su origen, debíamos ir al Dunswood. Así que partimos.

A las afueras del pueblito les declare a los hombres mi verdadera misión. Parecían hombres honestos y honorables. Así que les informe sobre mí deber de encontrar al grupo perdido de elfos rangers, y que de encontrar alguna pista sería el Dunswood. Ellos respondieron ofreciéndome su ayuda. Se las acepté agradecido.
Un poco antes de llegar, pasamos a una casita que se encontraba en el linde del bosque. Balthier simplemente se dirigió y entró a la casa, sin tocar la puerta siquiera. Era una persona bastante impetuosa. Lo seguimos. Al entrar me di cuenta que parecía la casa de una bruja. Había varias hierbas colgadas, y el centro una vieja encorvada que estaba preparando algún tipo de infusión, utilizando una olla a leña. Argen se le acercó y le dijo que la ayudaba, así que empezó a asistirla en la preparación de lo que sea que estuviese creando. Acto seguido Balthier tomó la hierba de Leth encontrada por Fenrris y se la entregó a la anciana. Recién aquí me di cuenta que estaba ciega por las cataratas. Y se la guardó.

De todas formas quería devolverme al pueblo: debía saber más pistas sobres los elfos. Les comente mi preocupación a mis compañeros. Todos a excepción de Balthir consintieron en devolverse a ver si encontrábamos algo. Argen incluso propuso ir a ver a un hombre al que le había curado su esposa de una enfermedad post parto. Así que fuimos a la casa de este hombre. Ya era de noche cuando llegamos. Nos hizo pasar muy amigablemente: se notaba que estaba agradecido por la buena obra de Sir Argen. Nos sentamos en su mesa. Y nos sirvió una pequeña merienda. Le hicimos varias preguntas. Que hacían con los cadáveres. Nos comentó que se los ofrecían al bosque para apaciguar su furia. Desde cuándo, añadió Sir Arguen, y nos respondió que desde hace varios años, el padre de Harem había empezado con la tradición. Le preguntamos si siempre la pena de los delitos era la muerte. Nos dijo que sí. Y finalmente le preguntamos por el grupo de elfos. En eso se puso de pie, cerró las cortinas y ventanas y en voz baja nos confesó que habían pasado hace un mes más o menos por Uthmere, pero que Harem les había dicho que lo mantuvieran en secreto. Le pregunte por que, solo me respondió que mientras menos tuviese que ver con forasteros mejor, que solo traían desgracias. Y que los elfos de Yeshelmar nada tenían que hacer en su pueblo.
El hombre era sincero, todos le creímos.

No podíamos perder más tiempo. Debíamos dirigirnos al Dunswood. Partimos. Le recé al dios Silvanus, dios de la naturaleza y su equilibrio. Me percate que los humanos le rezaron a un dios llamado Amaunator: el dios sol. Me transformé en lobo. Quería estar presto a cualquier ataque del Dunswood. Si el grupo de rangers había sido atacado y asesinado por el bosque, la verdad es que pocas posibilidades teníamos nosotros de sobrevivir a la misma maldad. Y sin más dilación nos adentramos a la oscuridad del bosque…

Pese a la penumbra podía ver bastante bien. El bosque era totalmente distinto la mi hogar. Costaba creer que una vez fueron bosques gemelos, que en su conjunto conformaba un solo gran bosque. Dunswood era oscuro, los arboles estaban retorcidos, los helechos crecían con espinas, la vegetación era muy espesa. Las criaturas eran fugases y no se dejaban ver, el ambiente era tenso, el aire pesado, costaba respirarlo. No quise conectarme con la tierra en ese lugar, ya que tenía miedo de llamar la atención de alguna criatura arcana más poderosa que las plantas monstruosas.

Al poco andar sentí el aroma de Lethyr, mi hogar, que iba en una clara dirección. Volví a mi forma de elfo y les comente a mis compañeros de mi hallazgo. Acordamos seguir ese aroma. Iba yo primero, como lobo, atrás Argen alumbrado el lugar con un libro sagrado, al lado iba Balthier. Fenrris decidió ir saltando por los árboles en caso de que nos atacara alguna criatura.
Caminamos bastante, yo seguía el rastro como en perro cazador, pero poco a poco me fui cansando: la tierra no era amable con los pasos que daba, el aire era cada vez más pesado y costaba respirar, el bosque se movía, podía sentirlo, los árboles se retorcían y sufrían. Lo sabía sin ni siquiera conectarme con ellos. Así estuvimos caminando hasta que el rastro de una antigua ciudad se nos presentó. Eran las ruinas de Dun-Tharos. Pertenecían a un tiempo olvidado, de cuando el Nentyaraca gobernaba por todo el valle y el bosque era feliz. Pero en un momento llego el hombre pútrido con su horda de monstruos y no muertos que asolaron la región. Se instalaron en lo que hoy es Dunswood, gobernaron por años, antes de desaparecer y dejar el bosque sumido en la más pura maldad y oscuridad.
Un poco más adelante divisamos la base circular de lo que habría sido una importante torre de batalla. El aroma entraba a esa construcción. Seguimos avanzando. El interior era de piedra, el suelo de madera. Me percaté que había una trampilla en el suelo. Tras retornar a mi forma original, les comente esto al resto del grupo. Decidimos entrar. El paladín accionó unos mecanismos que la abrió. Se divisaba una escalera que descendía en forma de caracol a la negrura del sótano. Acordamos entrar en el siguiente orden: Argen, luego Balthier, yo en forma de lobo y al final Fenrris, el arquero. Proseguimos a bajar la escalera…

Era increíblemente larga, más de lo que imaginamos. Con cada paso que dábamos, más oscuro se hacía el lugar. Hasta que por fin llegamos a las base del torreón. Había espacio suficiente para que estuviésemos los cuatro lado a lado. La vista, incluso la mía, no podía mirar más allá de la tenue luz emitida por sir Arjen. Pero a unos pasos, pude ver una forma humanoide arrodillada en el fondo, que se retorcía, y se arrastraba en el suelo. Podía ser cualquier tipo de criatura extraña, que estuviera viviendo en ese lugar durante décadas, no podía estar segura, esa cosas, fuese lo que fuese, ponía el ambiente tenso, cargado además por el hecho de que sólo podía ver su silueta vagamente. El paladín sacó una antorcha luminosa de su mochila, y se la lanzo a la criatura. ¡Me di cuenta que era una elfa! La antorcha les permitía ver a los humanos también al paraecer. Me destransformé a elfo. Era una de las rangers. El paladín enfundo la espada. Balthier sólo bajo su arma. Fenrris no supe lo que hizo. Nos acercamos con Argen. Le pregunté quién era. No obtuve respuesta. Le dije que me enviaban del círculo interno del Leth. Nada. Sir Argen siguió acercándose, y de repente la elfa le arrojó una daga, pero fue un intento tan débil que esta reboto como una piedrecita en la hombrera del guerrero. Y luego la abrazó con fuerza, y de él emano una luz dorada que reconocí como un hechizo curativo. Parecía más calmada con el hechizo. Luego me miró. Tenía el pelo castaño y ojos de avellana. Me preguntó cuánto tiempo había pasado. Le dijo que poco más de un mes. Nos comentó que su nombre era Allyana, y que era una ranger de las hojas de plata enviada por el círculo interno de Leth a colonizar los exteriores, pero que todo el bosque los había atacado, que había vivido un horror indescriptible, y que todos sus compañeros habían muerto. Sólo había sobrevivido gracias a la suerte de encontrar la base del torreón donde estábamos ahora. No vi mentiras en sus ojos, solo tristeza infinita…y miedo. Se disculpó con sir Argen, diciendo que su mente se había roto, pero la luz de su hechizo la había curado. Argen, quien, haciendo gala de la famosa caballerosidad de los paladines, le dijo que no se preocupara, y le devolvió la daga a sus temblorosas manos. Debemos irnos de inmediato, nos dijo la elfa. Sacó de debajo de unas baldosas unas espadas cortas de plata y las envainó en su espalda. Proseguimos a subir las escaleras. Legamos al exterior sin ninguna dificultad. Cuando me transformé en lobo para encontrar el rastro de regreso me di cuenta que nuestro rastro no iba por donde yo creía que debía ir: el bosque se había movido. Volví a mi forma original. Les comente de esta situación, y de mi inquietud, de que no teníamos nada todavía para ayudar a Vilkur. Les dije que conectándome con la tierra pudiese encontrar algo, pero sería arriesgado, podría salir una criatura o quizás que cosa a acabar con nuestras vidas…o peor. Pero llegamos a la conclusión de que era lo que teníamos que hacer. Yo estuve de acuerdo, pese a que nuestra prioridad con Fenrris era la vida de la elfa. La gente de Uthmere, era de alguna forma súbditos de Lethyr, y merecían nuestra protección.

Con un poco de miedo me senté en la tierra, con los ojos cerrados. Puse mi mano en el suelo y expandí mi mente en busca de la energía del bosque. Al principio era solo oscuridad. Luego pude encontrar las raíces: estaban deformes, y sangraban: sufrían. El agua estaba contaminada de maldad y oscuridad. De repente sentí que podía estar en cualquier lugar del bosque, y del mundo. Pero todavía no tenía ese poder. Busqué indicios de la maldad. Y la encontré. Era una energía sumamente perversa, que buscaba expandir su rabia y su deformidad a las formas de vida. La seguí con miedo. Y llegué a una especie de altar…Pude ver que estaba lleno de enredaderas, y en su centro había una tiara con una gema de tono rojo tinto incrustada. Me aproximé mentalmente hacia ella… y sentí la misma maldad del huerto de Villkur, de ella entraba y salía un poder maligno, y supe que aquello podía sentir me presencia, así que decidí desligarme, retrocedí por la tierra y por las raíces, me devolví a mi cuerpo, y finalmente abrí los ojos. Les dije lo que había encontrado. Que sabía llegar hasta allí, y que probablemente nos permitiría descubrir el misterio de la furia del bosque en Uthmere. Acordamos ir a este lugar.

Llegamos sin mayor novedad. Tal como había visto, los árboles se abrían para dejar paso a un pequeño altar circular, donde se encontraba la tiara, y la gema. El paladín fue el primero en actuar. Tomó su espada, y con el pomo, golpeó fuertemente a la gema, pero antes de asestar un golpe las enredaderas rápidamente la cubrieron, protegiéndola, se escuchó un sonido metálico, y la gema vibró. Se protegía a sí misma. Entonces lancé mi hechizo de fuego fatuo sobre ella, para que continuara ardiendo. Funcionó a medias. Las enredaderas que intentaban cubrirla se quemaban rápidamente antes de cubrirla, pero la gema no recibió ningún daño. Ferris le disparò una flecha de plata que Allyana le había entregado. La gema vibró todavía más. Entonces escuchamos alrededor nuestro unos pasos y gruñidos: a nuestro alrededor aparecieron los cadáveres vivientes de los elfos perdidos. Dos de ellos todavía conservaban la piel y el cabello. Los otros tres eran prácticamente esqueletos móviles. Portaban espadas y dagas. Ver compañeros elfos en ese estado era algo terrible, pero debíamos luchar. Fue Fenrris el primero en atacar: con una flecha certera le dio a uno de los zombies, que hizo el amague de golpearlo con su espada, pero la destreza de Fenrris no le permitió asestar su golpe, Allyana, con sus dos espadas de plata con dos movimientos precisos infringió graves heridas a otro de los zombies elfos, que le atacó de vuelta mordiéndola en el brazo. Balthier cargó estrepitosamente en contra de la gema, y al momento de golpearla, se escuchó su eco vibrante de furia, pero al mismo tiempo una onda de luz surgió del ataque, onda que supuse nos protegía de alguna forma. Uno de los zombies pareció darse cuenta de eso y lo atacó, pero Balthier pudo esquivarlo sin drama. Por mi parte me transformé en lobo en un instante, y con la ayuda de mi destreza lupina procedí a morder a dos de los esqueletos: fallé el primero debido al ímpetu algo desbordado de mi maniobra, pero al segundo le hinqué mis colmillos en lo que quedaba del cuello, hiriéndole, pero posteriormente me propinó un fuerte golpe en el lomo. No pude ver lo que hizo Arguen, ya que estaba del otro lado del altar. Posteriormente Fenrris realizó un ataqué muy rápido pero que alcancé a notar de reojo: tomando dos flechas de su carcaj, las lanzó con su arco, pero en direcciones opuestas, que al llegar a su destino le dieron muerte: uno de los esqueletos y uno de los zombies ya estaban acabados. Luego Allyana con un movimiento preciso puso fin a otro de los zombies. Yo ataqué al esqueleto que estaba a mi lado. Con una fuerte embestida, lo dejé tumbado en el suelo, sin vida ni energía. Bathier acabó con otro de los esqueletos y supongo que Baltier finalizó al último. Acto seguido la gema nos atacó: intentó hacer caer a Bathier, pero este resistió. Luego uno por uno fuimos golpeándola, hasta que la destrozamos…y una fuerte onda expansiva nos empujó y nos hizo caer a todos. De los trozos dela gema, surgió un demonio abismal, no lo supe reconocer, pero sabía que su alma estaba repleta únicamente de oscuridad. Ferris le disparó con una flecha, pero no le hizo daño, yo lo embestí intentando dejarlo en mal paso y así lo conseguí. Entonces Arguen, con un poder espectacular, cargó contra el demonio, falló su primer ataque, pero el segundo espadazo dio en el blanco, su espada emanaba una luz brillante que saltó poderes de luz hacia el ser, que quedó totalmente hecho añicos con el ataque. Ahora estaba convencido: la criatura esta, utilizaba los sacrificios que le hacían para absorber poder, así pudo extender su maldad hasta la ciudad. Seguramente de alguna forma había engañado al padre de Harem, haciéndole entender que con sus sacrificios aplacaría su furia, cuando solamente lo hacían más poderoso.

Me conecté con la tierra: la tristeza y maldad seguían allí, pero ciertamente en esta zona era mucho menor.

Nos dispusimos a volver a la ciudad. No pasó nada en el camino. Pero cuando llegamos, vimos que el pueblo estaba vacío, no había gente en la calle, hasta las casas estaban vacías. Fuimos a la casa de Alaris, pero tampoco había nadie. Era un pueblo fantasma. Podría significar muchas cosas: tal vez una emboscada, o un asalto. Preocupados y con las armas prestas, nos dirigimos al salón. Al entrar no vimos a nadie. Bajamos al subsuelo. Allí estaban todos. Harem sacó un calendario solar con el símbolo de Amaunator, Balthier entonces dijo que no tenía sentido que les hubiesen ocultado su culto .Que no tenía sentido que lo escondieran.

Se escuchaban cánticos en una lengua que me era extraña, pero que los caballeros reconocieron como plegarias al dios sol, su dios.
Por un momento, no se dieron cuenta de nuestra presencia, aunque no hicimos especial esfuerzo por ocultarla. Harem, sostenía en sus manos el calendario solar de Amaunator, mientras entonaba aquel cántico con el resto del pueblo. Luego pasó a la lengua común. “Nos hemos reunido para dar la bienvenida al solsticio de verano, y darles las gracias al amuleto sagrado, que nos ha mantenido, y nos ha otorgado tan buenas cosechas en este último tiempo”. Llegamos a la obvia conclusión: ¡Creían que el poder provenía del amuleto, no de Amaunator! Durante todos estos años, le habían estado rezando al amuleto, sin saber que su poder provenía del mismísimo dios sol. Yo y Fenrris quedamos sorprendidos, pero nuestros compañeros humanos, devotos de aquel dios, no solo se sorprendieron, sino que además no permitirían que semejante herejía continuara.

Delatando de una buena vez nuestra presencia, Sir Arjen y Balthier, se aproximaron desafiantes, hacia Harem, haciendo a un lado a quien no se moviera, a fuerza de pura voluntad. ¡”No saben lo que están habiendo”!-increpó el paladín, la gente empezó a alterarse y a enojarse. Harem exclamó: ¡”no deben interrumpir la ceremonia, o las desgracias caerán sobre el pueblo”! –“!no tienen idea de lo que están hablando, el poder al que acuden es al de Amaunator!”-replicó Sir Arjen. Todos en el pueblo quedaron extrañados con el nombre, muchos preguntaron, quien era Amaunator, incluso Harem. Ante esto, los caballeros instaron a Harem a hablar en privado, en nombre del dios sol, mientras apoyaban sus manos en las empañaduras de sus espadas…ante esto Harem ordenó al pueblo retirarse de la estancia subterránea.

Poco a poco se fue vaciando, hasta que solo quedamos los cuatro compañeros y Harem. Entonces sir Arjen procedió a quitarle el calendario a Harem, argumentando que su lugar era un monasterio, donde sea debidamente venerado y estudiado, y no un caserío cualquiera. Entonces Harem, cada vez más preocupado, explicó que hace años, había venido un monje-sanador, que trajo milagros, y buenas cosechas a Uthmere, y como obsequio, y para recordar para siempre su legado, había dejado el calendario mágico, y desde entonces que en los solsticios de verano , realizaban la misma ceremonia, repitiendo las plegarias del monje que hace años había aparecido por esas tierras, en aquel extraño lenguaje, pese a que no entendían las palabas, ellos le imploraban al calendario por buenas cosechas y buen tiempo, y que frenara la maldición del Dunswood, para que la gente pudiera vivir en paz y armonía. Pero sir Arjen no se dejó compadecer, y simplemente le arrebató el calendario a Harem. En ese momento, el hombre de campo se arrodilló ante el paladín, suplicándole que no se llevara el amuleto, que era lo que mantenía a la aldea en pie. Hasta este momento, yo había permanecido como un mero espectador, pero el campesino era al final del día un súbdito del Nentyarca, era un sujeto que gozaba de su protección. Así que di un paso al frente, y manifesté que no estaba tan seguro si era lo correcto arrebatarles el calendario de esa manera. Que la gente de Uthmere, no tenía en que depositar sus esperanzas, salvo en el calendario. Sir Arjen replicó, exclamando que Uthmere era un pueblo que asesinaba a los acusados sin darles derecho a juicio, que debían forjar su fe en el verdadero dios y no en imágenes, que debían conocer el sufrimiento para conocer la verdadera fe, que el camino duro de transitar era el correcto, y que vivían una mentira al rezarle al calendario, y no al dios-sol: ni siquiera conocían el significado de las plegarias que entonaban, que en definitiva, el calendario debía permanecer en un templo de Amaunator. Aquello me recordó mucho la disputa que tuve con Balthier cunado recién nos conocimos: entre el gobierno del Nentyarca por un lado, y el reino de Damara. En eso Harem suplicó, argumentando que había sido un regalo del monje-peregrino para el pueblo de Uthmere. Por mi parte agregué que estas personas, no eran grandes guerreros, no caballeros, ni eruditos, eran solo campesinos buscando vivir de la mejor forma posible, y que era cierto, que las cosechas tenían una extraña fuente de energía, extraña , per cálida, y que estaba seguro que frenaba la maldad del Dunswood. Que si alguien tenía la culpa, era el gobierno del Nentyarca por abandonar a sus súbditos a su propia suerte. Entonces Balthier, el juez errante, dio una alternativa que a nadie se le había ocurrido: enseñarles a estos hombres el verdadero poder del dios-sol, para que su fe fuese verdadera, que no fuse una imagen o una sombra de la verdad, sin que perdieran el favor de Amaunator. Con Fenrris estuvimos de acuerdo con la idea de Balthier inmediatamente, sir Arjen estuvo pensado un momento, pero finalmente accedió. Pero con la salvedad de que no debíamos realizar ni usar nuestra magia para aparentar milagros sobre esta gente impresionable. Que en todo caso se llevaría el calendario. Harem suplicó una última vez, pero Balthier le dijo con voz seria, pero convencedora: “si vuestra fe es verdadera, Amaunator no les dará la espalda”. Yo no sabía mucho de dioses, en mi pueblo la mayoría adora a Silvannus, dios de la naturaleza, pero por alguna razón, creí en las palabras del joven juez errante.

Todavía quedaba la pregunta, ¿Qué hacer con Harem? Decidimos dejarlo libre, ya no ocasionaría más daño. Respecto a Vilkur, acordamos liberarlo inmediatamente.
Procedimos a salir de la estancia, para proseguir con el cometido propuesto por Balthier, Harem se había quedado adentro, murmurando para sí. En eso, mientras subíamos las escaleras, como un fantasma en pena que sale de la oscuridad, se le acerca la vieja del linde a Balthier y le dice: “EDITAR ESCRITO Y PONER EL ACERTIJO DE LA VIEJA QLIÁ”. Ninguno pudo entender el significado detrás de esas palabras. “No importa, tenemos cosas más importantes que hacer”.

El sol estaba todavía saliendo cuando finalmente salimos del salón. Allí se encontraba Alaris (el hombre cuya esposa había sido curada por Sir Arjen). Nos miró y nos pidió disculpas por no contarnos todo, que lo lamentaba, pero que Harem había sido muy estricto en ese sentido. Ante eso sir Arjen le sonrió y le dijo que lo perdonaba, pero que ahora el dios que salvó a su esposa le tenía una importantísima misión. En eso exclamó: “¡Gente de Uthmere!”- La gente se empezó a aproximar, curiosa. “¡Han vivido una mentira al idolatrar al calendario, cuando el verdader poder viene del dios Amaunator! ¡Es el quien mantiene las cosechas en buen estado y frena la maldad del Dunswood!”. En eso Alaris gritó que era cierto, que había salvado a su esposa de una enfermedad incurable, y otros dijeron que habíamos sido nosotros los que destruimos las malvadas plantas- monstruos de la casa de Vilkur. La gente, asombrada empezó a convencerse. Balthier agregó que el dios los protegería, y que construyeran un templo, para alabarlo como corresponde, y que de ahora en adelante Alaris se encargaría de la fe del dios – sol. Y que no se preocuparan, si tenían problemas lo único que tenían que hacer era dirigir su mirada al astro celeste, y suplicar por la ayuda divina. La gente parecía feliz con el cambio, incluso algunos se ofrecieron para construir inmediatamente el templo. “Necesitamos el permiso de los dueños de estas tierras para construir un templo”, me susurró Sir Arjen, y yo le respondí: “el consejo de Lethyr aprobará la construcción, yo mimo me encargaré de que así sea”.

A continuación fuimos a liberar a Vilkur, que no entendía nada de lo que estaba ocurriendo, pero le dijimos que de ahora en adelante ayudara en la construcción del templo, y que buscara la esperanza el dios que había enviado a los caballeros, que buscara la redención el dios Amaunator.

El ambiente era feliz y esperanzador, la gente hablaba de como las cosas mejorarían, y de cómo el dios el dios del monje – peregrino de verdad era el que los había estado protegiendo, y que con fe, continuaría haciéndolo.
Nunca pensé que terminaríamos cambiando tan radicalmente el pueblo, después de todo, solo éramos un puñado de forasteros.

Redactado por Arresius

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Acratar Arresius

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